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Tres reglas básicas para evitar la tendinitis

 

Evitar tendinitis. Salid ocupacional. Ejercicio físico.

 

La tendinitis es la inflamación de un tendón, la estructura fibrosa que une el músculo con el hueso. Suele ser una patología crónica que tiene una alta tasa de reincidencia una vez que se produce y provoca dolor y aumento de sensibilidad alrededor de la articulación.

La causa principal habitualmente es una sobrecarga muscular o una lesión directa. Pero también puede producirse debido al desarrollo de otra patología o por la edad, ya que con el envejecimiento los tendones van perdiendo elasticidad y se puede ocasionar la degeneración de los mismos. La tendinitis puede afectar a cualquier tendón del cuerpo humano, pero las áreas más comunes en las que se suele producir son los hombros, los talones, los codos y las muñecas, entre otras.

Aunque se tiende a pensar que la tendinitis es un problema solo de deportistas, esta patología es común a diversos tipos de trabajo en los que se repite un mismo movimiento con mucha frecuencia, desde tareas muy exigentes físicamente hasta delante de un ordenador. Algunas lesiones musculoesqueléticas previas y la realización de grandes esfuerzos pueden favorecer su aparición. Incluso hay que tener cuidado con el uso intensivo del teléfono móvil y otros dispositivos: teclear muy rápidamente y con movimientos muy violentos o repetidos, puede llegar a provocar tendinitis del dedo pulgar.

Siempre se debe contar con un diagnóstico médico para poder distinguir las tendinitis de otros trastornos semejantes como la tenosinovitis y recibir el tratamiento más adecuado y completo. El reposo siempre forma parte del mismo, así como la aplicación alternativa de frío y calor.

Para prevenir la aparición de la tendinitis, debemos dar a nuestros músculos y tendones la nutrición, la preparación y el descanso adecuados para nuestras necesidades diarias. Estos tres aspectos clave pueden resumir los hábitos recomendados para conseguirlo:

1. Estilo de vida saludable. El ejercicio físico suficiente y continuado y un dieta equilibrada nos permiten la adecuada conservación de los tejidos y de su elasticidad. Para ello, también es necesario beber suficiente agua, evitar el tabaco y el abuso del alcohol, que se asocian, de distinto modo, a enfermedades inflamatorias.

2. Estiramiento de los músculos y fortalecimiento mediante ejercicio moderado. El estiramiento es necesario para mantener la elasticidad de músculos y tendones, alargándolos mediante ejercicios adecuados a la actividad física que vayamos a practicar, o que acabemos de realizar. El consejo del fisioterapeuta es muy adecuado para determinar las tablas que más nos convengan. El ejercicio debe ser gradual, para no sobrecargar los músculos con un cambio de intensidad demasiado brusco, y especialmente moderado cuando ya hemos padecido la tendinitis, para que no resurja o empeore en los periodos de recuperación de la enfermedad.

3. Higiene postural y precaución frente a los esfuerzos excesivos. Una postura corporal adecuada a las tareas que realizamos reduce los riesgos de sufrir daños en músculos, tendones o tejidos articulares. Por ejemplo, al levantar cargas pesadas es recomendable partir de una posición de rodillas flexionadas y con la carga muy próxima al torso. A su vez, debemos evitar realizar grandes esfuerzos para los que no estemos preparados y, por otra parte, moderar en la medida de lo posible los movimientos que sepamos que han causado o que tienden a causarnos tendinitis.

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